Los médicos –y los profesionales de la salud en general– hemos estado defendiendo nuestras profesiones con los argumentos equivocados. Invocamos una larga tradición histórica, traemos a cuento las bases científicas de la investigación biomédica, mencionamos la influencia de nuestra actuación sobre el sufrimiento humano y la vida misma, o ponemos en discusión los principios éticos milenarios, que hoy pueden sonar anacrónicos en este mundo del capitalismo salvaje.
El mundo, y muy en particular los sistemas de salud, han cambiado de manera dramática. Hoy los argumentos que convencen a los políticos y a los tomadores de decisiones del sistema son argumentos económicos. Por eso, sin desconocer la historia, la ciencia o la ética, debemos defendernos con argumentos económicos. Debemos presentarnos como los ordenadores del gasto en un sector de la economía de enorme complejidad, que consume una porción muy significativa de nuestro producto interno bruto.
Querámoslo o no, todas nuestras decisiones tienen impacto económico. Hoy es más claro que nunca que la salud es un mercado (un mercado imperfecto, para usar la jerga económica) en donde imperan la oferta y la demanda (así no sigan las normas convencionales que las rigen). Cada prestador de servicios de salud debe ver su trabajo como el de una empresa que debe tener sostenibilidad financiera, y que para ello debe tomar decisiones acertadas.
Nuestro sector, eso sí, por su carácter eminentemente social, tiene que considerar en sus fórmulas y en sus debates una utilidad que no necesariamente se mida en rendimientos financieros. Nuestra actuación tiene un costo intangible, representado muchas veces en dolor y en sufrimiento, y tiene también unos beneficios que no se pueden convertir con facilidad en pesos, dólares o euros.
Lo que busca el análisis económico en salud es encontrar un lenguaje común a los pagadores y a los prestadores de servicios, siempre -ojalá- en beneficio de sus pacientes y de su comunidad. Ante la opción de una nueva intervención más costosa, pero también más efectiva que la anterior, cabe la pregunta: ¿qué tanto costo adicional debe estar dispuesta la sociedad a asumir para lograr ese incremento en efectividad?
Las técnicas económicas aplicadas a la salud han encontrado mecanismos para responder éste y muchos otros interrogantes que plantean las ciencias de la salud. Este curso virtual pretende mostrar los fundamentos de la economía de la salud, las dificultades en la evaluación y la interpretación de los costos, y los desarrollos en métodos de evaluación económica en salud. Se hace, igualmente, una introducción al modelamiento farmacoeconómico.